Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección


Hace unos días leí este artículo en el tiempo.com, unos días después recuperó el tema Soska por aquí y todo esto se juntó en algunas reflexiones sobre blogs y los momentos de introspección que hemos perdido, como lo apunta Camilo Jiménez al renunciar a su cátedra porque sus alumnos no escriben bien.

Cuando leí el artículo, me sentí triste, no solo por una generación actual sino por mis propias costumbres y cómo han cambiado. Las redes sociales comenzaron como algo “novedoso e interesante con grandes posibilidades y saturaron todo hasta alienar nuestras actividades (claro está en la medida en que lo permitas).

De una u otra forma he terminado interrumpiendo infinidad de veces mi día entre Facebook, Twitter, G+, Quora o la red en turno, sin que en concreto me de un beneficio razonable al tiempo que se la pasa uno leyendo, lo que en su mayoría son trivialidades.

En Facebook, todos somos el centro del universo, con esto ni siquiera me refiero a la promoción profesional o a las publicaciones con grupos, sino a las personas que elevan el momento más nimio a algo casi divino, lo trivial se impone sobre cualquier otra actividad.

En Twitter todos son portavoces certificados, expertos de opinión, no importa si tienes 17 o 37, la democracia, la famosa horizontalidad 2.0 que fascinaba tanto, termina aplanando la diversidad para resultar en un pensamiento alineado a un trending topic. Eso, aderezado de quejas y templos al “tweet favorito”.

Google Plus, la red que se llena de la pose desertora contra Facebook y protagoniza la trivialidad pero versión geek.

¿Y los blogs? ¿en dónde dejamos a los papás de todo esto? El contenido que viaja entre todas estas redes, viene finalmente de ahí.

Los blogs son ese momento de introspección que empiezan a olvidarse, esto es claro cuando vemos que lo único que puede más o menos encontrarse en la red, son Tumblrs o reblogging (en su mayoría) y bloggers con espacios rara vez actualizados (como le está comenzando a pasar a Mocca).

Del artículo de Camilo Jimenez, cito este fragmento:

Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.
Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis.

Tener un blog, le pide más o menos al autor, que retome la escritura, el lenguaje, revise sus ideas y se siente a esa introspección, a ese espacio de soledad mínimo que como seres humanos hemos perdido entre tanto ruido.

Que no me tomen a mal que no es la red social perse, sino la sobredosis de información e interrupciones, cada vez más notoria o más fuerte.

Es esa parte de la tecnología democrática que le dio a todos las mismas herramientas sin pedir tantita preparación, para convertirnos, no se si en nativos digitales o webones digitales, con fiebre de compartir más de lo que humanamente podemos leer y en la comodidad de que si mañana no nos acordamos del nombre de alguien, podemos encontrarlo en Google.

Con esa perspectiva, sin esa característica humana de introspección, se complica aún más que la gente aprenda a leer… y menos a escribir. ★

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