Signal vs Noise: El verdadero virus es mental


En momentos de crisis es fácil volverse víctimas de nuestra propia mente.

En la última semana he ido observando la cantidad de personas en Twitter que están literal atrincheradas en su casa como en un episodio de The Walking Dead.

Los medios se han llenado de notas alarmistas, conjeturas, líderes de opinión llenos de miedo, esparciendo sus opiniones como el mismo virus que tanto temen.

Como es natural, Twitter (y un poco otras redes) se ha vuelto un caldo de cultivo para segmentar información, editarla a conveniencia al soltarla y generar constantes conflictos porque claro, recordemos que es la red de la ocurrencia y el más ocurrente gana sin meditar consecuencias ni corroborar fuentes. Es el momento en que se busca ajustar cuentas desesperadamente con algún culpable y hasta los más brillantes de la generación, han dejado de hablar de sus emprendimientos creativos y sus pasiones (que es cuando más deberían hablar de ello) para llenar su timeline de política y agresiones, sin aporte concreto. Ruido, mucho ruido y nada de señal.

La desesperación y la incertidumbre nos ha llevado a creer cualquier cantidad de cosas sin sentido. El encierro que parece para muchos novedoso, ha mostrado los demonios de cada quien.

Una generación sin edad particular pero con un celular a mano, ha perdido la capacidad de estar en paz consigo mismos, de introspección. Se ha vuelto adicta a publicar cada pensamiento que pasa por su mente y ahora que no tiene actividad en el mundo de qué hablar, eso les da mucho miedo.

Y es eso, estamos en un momento donde nuestra mente está haciendo las preguntas equivocadas y nos mantiene acorralados en nuestra propia cabeza ¿Qué voy a hacer mañana? ¿Hasta cuándo durará esto? ¿Saldré vivo de esta? ¿El virus entra por la ventana? ¿Estornudé, qué tengo? ¿Esa persona me insultó a mi, lo dijo por mi?

Los creativos que no estaban acostumbrados a mantenerse en casa, ahora sienten que están acorralados porque tienen la prueba más grande en frente, usar esa creatividad que tanto pregonaban para ocuparse en el confinamiento.

Noticias hay muchas pero las viejas son: El teletrabajo no es nuevo, la educación en línea no es nueva, los chats no son nuevos. Trabajar en casa no es nuevo. Tu auto sí contamina, tus virus (aparte de los mentales) sí contaminan. Tus privilegios económicos ya no funcionan en la calle, pero sigues teniendo un increíble lugar dónde vivir a diferencia de otros que tienen que trabajar y no pueden “quedarse en casa”.

¿Qué hay que hacer?

Por lo pronto dejar de escuchar a esa mente a la que todo le da miedo. Dicen que es bueno tenerlo porque es una defensa… pero hay que domarlo y usarlo, no que este nos use. Como en la Historia Interminable de Michael Ende:

“La gente que no tiene esperanzas es fácil de controlar… y quien sea que tenga el control… tiene el poder”

(así funcionan los medios con nosotros de forma muy básica)

Sí, claro, la gente sin privilegios se está riendo afuera mientras siguen trabajando en la calle pero también lavándose las manos, guardando distancia, etc. Sólo deberás entender que por simples números y supervivencia, no siempre les es posible. Que no es un asunto de rivalidades, es un problema social grande y complejo.

Así que hazte la idea de que esto será un proceso de colaboración constante, que tendrás que aprender a trabajar a distancia, que tendrás tiempo para aprender cientos de cosas nuevas para alejar tu mente de pensamientos negativos. Aprender a separar la información valiosa de la basura… y a que en tu mundo, al menos por una temporada, vas a bajar drásticamente tus gastos de transporte, viajes, moda, grandes comidas y selfies en Instagram.

Será momento de valorar el espacio hogar y rediseñarlo de acuerdo a una estancia donde sí quieras estar.

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